domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Es posible un periodismo honesto?






IDEOLOGÍA Y  MERCANTILISMO

Vivimos en tiempos de trincheras. La evolución de la sociedad occidental, fruto del dominio omnímodo de las doctrinas y tesis neoliberales promulgadas por las administraciones de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años 80 del siglo pasado, ha provocado que los medios de comunicación, otrora en búsqueda de la verdad y la información objetiva, se hayan convertido –en su inmensa mayoría- en títeres paniaguados al servicio de intereses de grupos de poder y presión. 

Lejanos quedan los tiempos de Woodward y Bernstein,  cuyo equivalente a nivel nacional serían los profesionales que llevaron a cabo el tratamiento de la corrupción y la guerra sucia de estado (GAL) de los últimos gobiernos de Felipe González por parte del diario El Mundo, aunque la contaminación –manipulación intencionada de datos para erosionar al gobierno- del proceso informativo reconocida por algunos de los periodistas implicados en el acoso y derribo, invalida éticamente una buena porción –si no el total- de nuestro Watergate patrio, en los  que heroicos profesionales ponían en jaque instituciones y administraciones, jugándose sus carreras e incluso la vida para llevar la verdad hasta la mesa de sus lectores.

Vivimos en tiempos de trincheras. Somos testigos de la agonía de parte de la prensa tradicional –el papel-, prolongada por el desorbitado tamaño de la deuda económica contraída por las editoras que continúa creciendo a la espera de un milagro que no va a ocurrir. La frase acuñada en la Norteamérica del capital: “Too big to fail”    (demasiado grande para caer) describe a la perfección el estado actual de cosas –entidades  financieras que miran para otro lado pretendiendo ignorar  el inevitable desenlace y empresarios que esperan vivir indefinidamente de ayudas y favores de organismos públicos e iniciativas privadas–  causa de la situación de parasitismo descrita en el primer párrafo.

Se sacrifica el derecho fundamental a la información de los ciudadanos en pos del interés del grupo económico afín. Se falsea, manipula, coarta y ensucia la información para atender a espurios fines. Parece ser que estos, para algunos, justifican los medios. Se establecen nichos de mercado y se cocina la información para que satisfaga los presupuestos de la población objetivo.






ENTRE TODOS LA MATARON…

La eclosión de la web 2.0, en la que los contenidos comenzaron a ser creados por los propios usuarios en lugar del modelo "simplex" de comunicación vigente hasta el momento –prensa, radio, televisión, modos de comunicación unidireccionales en los que el individuo es un mero espectador- provocó la aparición de miles de informadores, en muchos casos ruido o directamente basura sin el mínimo contraste, vía blogs o periódicos digitales.

No obstante, la segunda década del siglo XXI dio paso a la información en tiempo real por parte de los protagonistas de los hechos históricos que estaban acaeciendo. Las redes sociales, principalmente Twitter y Facebook, saltaban los filtros gubernamentales y la censura de los medios tradicionales y contaban, vía teléfonos y otros dispositivos electrónicos, los hechos que se producían, por ejemplo, durante la primavera árabe.

En el contexto de este hecho histórico se certificó la defunción del modelo de papel, aunque la constatación factual de dicha muerte llegaría a nuestro país un 11 de marzo de 2011: Mientras los medios digitales, profesionales y aficionados, informaban al instante de un terrible terremoto en Japón, las ediciones en papel de los principales medios nacionales daban cumplida información sobre otros hechos periodística y humanamente mucho menos apremiantes. El flujo tradicional de datos, el proceso informativo habitual, se demostraba incapaz. Las historias están en nuestro bolsillo en el instante en que se producen; el papel pierde definitivamente su valor como medio de información. Le quedan los terrenos del análisis y la opinión.



DEL COMUNICADOR HONESTO

La objetividad no es una empresa fácil para un comunicador, aunque tampoco debe ser el fin único a alcanzar. La asepsia informativa debería ser, eso sí, objetivo irrenunciable para medios públicos y agencias de información.

Lo que sí debe pretender el comunicador, a mi juicio, es ser intelectualmente honesto. Observamos a diario en los medios de masas como se pervierte la información, como se manipulan los datos, como se prostituye la verdad y se insulta a la inteligencia en búsqueda del rédito inmediato, del interés propio o de grupo.

Por todo ello me provocó una leve sonrisa algún objetivo de los exigidos en la tarea que estoy llevando a cabo, ¡seleccionar libros de estilo de la prensa nacional! Son, dado el resultado apreciable día a día, casi un modelo de lo que debe evitarse hacer. Al menos, eso es lo que parecen pensar quiénes deberían seguir parámetros y directrices marcados en sus propios manuales.

De entre los medios tradicionales, y presa de una deriva ideológica –provocada, cómo no, por las necesidades financieras- que le ha llevado desde el  progresismo tibio a un centrismo liberal democristiano, el primer libro al que recurriría sería el de El País. A pesar de todo, opino que es, de los periódicos nacionales, el más preocupado por ser veraz y honrado.


Porque el diario El Mundo ha dado sobradas muestras de carecer totalmente de los principios señalados en la parte III de su Manual de Estilo. Su desvergonzada manipulación mercantilista en descabellada teoría de la conspiración que englobaba a gobiernos, FCSE y servicios secretos de varios países, organismos públicos y privados, jueces, fiscales y miles de otros “implicados” a lo largo de decenas de artículos sobre los terribles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, debería bastar para inhabilitar ad aeternum cualquier sugerencia de este medio en lo que a información digna se refiere.

Hay medios que fueron serios e incluso lucieron calidad literaria, pero por desgracia han devenido casi parodia de sí mismos, como es el caso del diario fundado por Torcuato Luca de Tena, ABC

Otros muestran un desprecio tan absoluto y descarado por las mínimas reglas de decencia y ética que solo es posible tomárselos a broma. Es el caso del panfleto dirigido por el tertuliano Francisco Marhuenda. Tanto es así que La Razón, el periódico fundado por el académico Luis Mª Ansón, parece carecer de cualquier guía u objetivo más allá de la venta de papel impreso a cualquier precio.  

En la red han brotado periódicos digitales como setas. Entre el producto nacional, de abrumadora mayoría conservadora, pretendidamente liberal y descaradamente mendaz, hay iniciativas bastante dignas como la gestada por Ignacio Escolar: eldiario.es, un proyecto basado en el crowdfunding que le permite intentar mantenerse al margen de intereses comerciales y obligaciones contraídas vía publicidad, abriendo el camino para otras empresas similares.

Actualmente, un equipo de profesionales y académicos, trabajan en la elaboración de un Manual de Estilo para medios digitales



EL LIBRO DE COCINA DE MARÍA

En tiempos de valores pervertidos, entiendo que el comunicador debe ser éticamente irreprochable y tener siempre presente en su escritorio, real o virtual, un código deontológico que le recuerde cuál es su misión principal. 

Hay magníficos comunicadores con una amplia base académica, otros igualmente grandes que carecen de formación, hay comunicadores mediocres con múltiples títulos y hay incapaces, iletrados, impresentables y verdaderos tahúres que ensucian la profesión con su sola presencia en los medios. Obviamente, una empresa privada es muy libre de seguir el criterio que le plazca a la hora de contratar sus profesionales, lo que roza la indecencia es que medios que se mantienen con el dinero de todos pongan al frente de su programación a indigentes intelectuales e idiotas recalcitrantes atendiendo a razones de orden mercantil o de pretendido calado entre la audiencia.


El comunicador debe manejar su idioma con corrección. Cuando se trata de la inmediatez de la comunicación oral esto se hace evidentemente más complicado; no obstante, si podemos hacer uso de un guion o nuestra labor se hace vía letra impresa o leída, es injustificable no hacer uso del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, así como del Diccionario Panhispánico de Dudas   y sus homólogos ortográfico  y gramatical.
 
Si disponemos de la posibilidad, convendría también consultar la fonética de vocablos y nombres extranjeros. Para un espectador medianamente inteligente resulta insultante escuchar a un locutor leyendo “coelo” en lugar de “coello” mientras lee el apellido luso (¿tan lejos nos cae Portugal?) Coelho. O, sin ir más lejos, periodistas de todo tipo de medios pronunciando “tokso” en lugar de “tosho” al hablar del líder sindicalista de “exótico” apellido gallego Fernández Toxo.  Hay multitud de sitios en internet donde comprobar la fonética de las lenguas desde el lejano Oriente a la próxima Euskadi

Riqueza de lenguaje, sinónimos, antónimos, definiciones, traducciones… Word Reference es el espacio ideal para un pronto manejo básico de casi una veintena de lenguas. Incluye foros de consulta con usuarios nativos de los idiomas del sitio. 

Muchos son sus detractores, pero es una obra viva en constante crecimiento y perpetuo proceso de revisión, algo que no puede decirse de las mastodónticas enciclopedias que reposan sobre polvorientos anaqueles: Wikipedia, en su versión inglesa y, con alguna reticencia, en la española, es una fuente de información monumental y ágil.
  
Como quiera que nos hallamos en busca de la visión de los hechos menos parcial posible, de todos los aportes que enriquezcan nuestra versión, considero imprescindible tener la mayor variedad de enfoques posible. Desde las agencias nacionales de noticias hasta las internacionales de todos los puntos del orbe, debemos buscar todos los aportes y versiones posibles del hecho a comunicar.


Hasta ahora me he centrado prácticamente en el comunicador de los medios de masas, aunque es evidente que este no es el único campo de batalla en el que la palabra, la expresión y el gesto sirven como armas. Abro aquí un breve paréntesis en el que haré un somero repaso de las cualidades que deben adornar al ejecutivo del siglo XXI.

Porque las empresas siempre han recurrido a comerciales con facilidad de palabra, capacidad de convicción y talento para encandilar, cuando no engatusar, a los probables clientes. Se valora cada vez más este perfil, y prueba de ello son los numerosos decálogos que pululan por la red. Me hago eco de unos cuantos recetarios del buen comunicador que pueden aplicarse al terreno laboral sea este el que sea.

Siguiendo algunas de las consignas que amablemente nos ceden los autores de estos decálogos, podemos afinar algunos aspectos de nuestra capacidad comunicativa, y quién sabe, tal vez llegar a formar parte de una lista de Forbes en el futuro.

Cada vez con más peso, ya para finalizar, las redes sociales –principalmente Facebook y  la plataforma de microblogging Twitter- son fuentes inagotables de información. Bien usadas, siguiendo las fuentes adecuadas, con los filtros que impone el sentido común y el interés por un trabajo bien hecho, confrontando los “twits” o las actualizaciones de estado con la información que podemos obtener de los diferentes sitios hasta ahora expuestos, nos proporcionan un complemento perfecto para que el comunicador realice una labor interesante, contrastada, informada, formada y veraz.

Lo que sería un oasis en el desierto actual. ¿O no?