domingo, 7 de diciembre de 2014

Pragmática Misae




El mensaje publicitario lleva implícito un fin primordial: captar la atención de la audiencia  más amplia posible.  Para ello vemos que se utiliza todo tipo de estrategias y estratagemas, desde el mensaje epatante hasta el repetitivo pasando por el impactante -dependiendo del medio de transmisión del mismo-  visual o auditivamente.


La publicidad se concibe como “una entidad  de comunicación estructurada tanto desde el punto de vista del sistema de la lengua, como por reglas semánticas y pragmáticas para ser puestas en uso en una situación de interacción entre emisor y usuario” (van Dijk, 1998). Se busca esa interacción, el objetivo final es una modificación en la conducta de la audiencia objetivo, ya sea en su conocimiento, en su opinión o en su actitud; se persigue que entienda un mensaje o consuma un producto. En esta entrada vamos a intentar tratar esas reglas pragmáticas en lo que respecta –a mi entender-  a una de las mejores cuñas publicitarias televisivas de todos los tiempos, habida cuenta de lo terriblemente complicado que resulta disociar mensaje verbal (recursos lingüísticos), no verbal (imagen, color y resto de elementos audiovisuales) y componente pragmático (principalmente emisor, receptor y contexto) en una actividad tan multidisciplinar como el discurso publicitario.


Desde el punto de vista pragmático, emisor y receptor comparten experiencias relativas al mundo que les rodea. No se trata tan solo del acto de codificación por parte del creador y descodificación por parte de la audiencia, sino que se utilizan lugares comunes, parcelas de información y experiencias previas que crean un contexto de complicidad. El emisor del mensaje objeto de esta entrada es perfectamente consciente  de la complicidad del destinatario,  que conoce y comparte, al igual que el receptor en general, las tareas –cotidianas y extraordinarias- a las que se dedica la protagonista del  spot (usaré este término antes de que la RAE lo suprima) analizado.  Logra captar así la atención –por complicidad, como se refiere arriba- en una situación conocida y compartida por todo tipo de receptores: invocados, genéricos, cómplices


La actividad que desarrolla nuestra protagonista y la que le propone su interlocutor tras su entrada en escena son implicaturas, datos que el espectador maneja y le permiten entrar en situación. En el terreno de la Teoría de la relevancia, el mensaje es inequívoco, puesto que la demostración del esfuerzo al que la solicitud del segundo actor somete al personaje principal se narra de forma brillante durante el desarrollo, alcanzando así incluso al receptor que desconoce el contexto en el que sucede la acción.


Es obvio que el creador-emisor maneja también las Máximas de Grice, puesto que en apenas un minuto nos narra una situación cotidiana, una extraordinaria, la resolución de ambas –con ímprobo esfuerzo incluido-, el satisfactorio resultado de la ardua labor, el traslado de este resultado al lugar donde ha de ser utilizado y la resolución tragicómica (más cómica que trágica) del equívoco en que se fundamenta todo este discurso con una economía de recursos perfecta. Solo se muestra lo necesario y relevante de manera perfectamente clara. Y el esfuerzo mostrado es sincero, sin artificios, trasladable al plano real.


En lo referente a las Máximas de tacto, generosidad, aprobación, modestia, acuerdo y simpatía, pocos ejemplos mejores he podido observar en publicidad que la obra que nos ocupa. Es imposible poner peros a la actuación de los protagonistas y no podemos menos que sentir ternura y simpatía hacia ellos en cada uno de los segundos del anuncio.


Los escasos actos de habla en nuestra obra no tienen como interlocutor al espectador, son herramientas para la narración y, de forma brillante, el acto locutivo del segundo personaje genera toda la trama en la que la fuerza ilocutiva de este mensaje provoca el acto perlocutivo del primero. Ítem más, una vez finalizada la publicidad, nos invaden unas casi irreprimibles  ganas de salir corriendo a comprar el producto anunciado, resultado del perfecto manejo por parte de los autores de los actos, máximas y recursos pragmáticos en la elaboración de esta campaña. Somos víctimas del impulso perlocutivo provocado por una narración publicitaria ¡que no hace una sola alusión al producto publicitado!


No he querido desvelar  de qué se trataba  -aunque la película es sobradamente conocida por su carácter viral entre los usuarios de la red-  y me he tomado la libertad de alejarla de estas letras para evitar dar pistas al lector en caso de que no fuese conocedor de la que reitero, para la que suscribe, es una de las mejores obras jamás realizadas en el terreno de la publicidad televisiva. Y pidiendo disculpas por pueril conclusión, en deixis temporal –ahora-  señalo la deixis espacial –abajo- en la que se halla el vídeo   con el que el centro deíctico de este artículo –yo- da por concluida la presente entrada.
















Agencia McCann Erickson-Medellín para Compañía de Galletas Noel de Colombia
Composición musical de Federico Lorusso.